Lo vivido este puente del Pilar o de la Hispanidad en los accesos a Ronda, por el enésimo corte del Puente Nuevo, debido a la masificación turística que más que disfrutar padece la ciudad, es la demostración más que palpable que Ronda necesita un nuevo vial de acceso al centro de la ciudad, sin tener que salir de la misma.
Y la circunvalación no es la solución, más que demostrado está. El sentido de una carretera de circunvalación es perimetrar la ciudad o bien para no entrar en ella y pasen de largo o bien para acceder a sus accesos perimetrales, sin tener que recorrer la travesía por el centro de la ciudad para llegar hasta ellos, además de desviar a los vehículos pesados. La circunvalación es una carretera, no es una calle, que ya soporta de por sí suficiente tráfico al que se le añade ahora el procedente de la travesía del eje urbano del centro de Ronda. Son conceptos que han de tenerse absolutamente claros.
Todos estaremos de acuerdo que dos de los grandes problemas que tiene nuestra ciudad es la accesibilidad, el problema secular de nuestras comunicaciones por carretera que siempre está en el horizonte lejano, y que todos los estamentos políticos reconocen, pero que sigue ahí sin solucionarse; y la intransitabilidad, el asunto del tráfico y aparcamiento en Ronda es un problema crónico de hace ya más de una veintena de años, y las soluciones o parches llegan con cuentagotas. Y todos sabemos también que gran parte de esta problemática viene derivada de la conflictividad que existe en la unión de las dos partes de la ciudad, lo que fue una solución largamente perseguida durante varios siglos, finalmente se solventó a finales del siglo XVIII con la construcción del Puente Nuevo y el eje urbano de la calle Virgen de la Paz. Pero esta solución, hoy por hoy, está más que amortizada ya en pleno siglo XXI, debido al fuerte incremento de dos naturalezas que entonces no existían: el turismo y los automóviles.
Cualquier obra de envergadura y alcance como proyecto de ciudad que se haga, tendrá benefactores y detractores, con ello hay que contar, lo mismo ocurrió con el Puente Nuevo cuando se construyó. Pero hoy en día nuestra legislación en este aspecto, cuenta que una de serie de filtros, informes y declaraciones supramunicipales cuya función es garantizar la viabilidad y adecuación de dicho proyecto, que no depende exclusivamente del capricho del munícipe de turno, sino que cumpla unos requisitos muy exigentes y restrictivos de protección del espacio, de impacto ambiental, de preservación del patrimonio, etc… Y en ese proceso se está, y hasta ahora se van salvando todos estos escollos que garantizan su legitimación y legalidad. Los argumentos en su conjunto, no deslavazados, ni interesados, ni tergiversados son los que refuerzan un proyecto a favor o en contra. El posicionamiento ha de basarse en realidades y en autenticidades, en fortalezas y debilidades.
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