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Giner de los Ríos vuelve a Ronda

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Entrelenguas llena sus espacios en una velada dedicada al pensador rondeño: emoción, conocimiento y una invitación a recuperar el legado de quien contribuyó a cambiar la educación y a modernizar España.
Redacción
Más de una treintena de personas llenó el pasado lunes, 26 de octubre, los espacios de Entrelenguas para hablar de don Francisco Giner de los Ríos. En su ciudad natal, a pocos días de cumplirse ciento cincuenta años de la apertura del primer curso de la Institución Libre de Enseñanza, la convocatoria tenía un significado especial: volver a uno de los nuestros, detenerse en lo que hizo y preguntarse cuánto sabemos de él.
Entrelenguas ha tenido el acierto de acordarse. Y de hacerlo con una propuesta preparada a conciencia, capaz de interesar a quienes conocían la trayectoria de Giner y de acercársela a quienes apenas habían pasado de su nombre. Isabel Rubira y Mar Rodríguez hicieron posible un encuentro que dejó algo más que información entre los asistentes: la emoción de comprender la talla de aquel hombre y las ganas de seguir conociéndolo.
Concebida y dirigida por Isabel Rubira, profesora de español como lengua extranjera, la sesión recorrió los orígenes de la Institución Libre de Enseñanza, sus principios y la extensión de su obra. La presentación interactiva tenía detrás un trabajo que se apreciaba en la claridad de las explicaciones y en la manera de relacionar personas, instituciones e ideas. Se podía seguir el relato sin perderse y sin que la historia quedara reducida a unas cuantas fechas: importaba entender qué quisieron cambiar aquellos hombres y mujeres y por qué su empeño sigue teniendo sentido.
El coloquio prolongó ese interés. Fue una de las virtudes de la jornada: el conocimiento encontró su sitio en una conversación cercana, amena, por momentos emotiva. Giner iba dejando de ser un nombre ilustre para convertirse en alguien a quien merecía la pena escuchar todavía.
Porque Giner de los Ríos y la Institución Libre de Enseñanza son palabras mayores: una parte de la modernización de España no se entiende sin ellos. La libertad de pensamiento, el rigor científico, la apertura a Europa y la formación integral de la persona suponían una transformación profunda de la enseñanza. Se trataba de aprender a observar, a preguntar, a razonar: de que la educación alcanzara también al carácter, a la conducta y a la relación con los demás.
La naturaleza, el arte, la literatura o las excursiones formaban parte de aquella manera de educar. Frente al peso de la repetición y del examen memorístico, se defendían la experiencia y el juicio propio. Había una confianza exigente en el alumno: podía aprender a pensar por sí mismo y debía hacerlo. Ahí residía buena parte de la fuerza de aquel proyecto y de su capacidad para transformar la sociedad.
Durante la velada regresaron, a través del relato, los discípulos y continuadores de Giner. Se habló de la Junta para Ampliación de Estudios, de su empeño en que investigadores y estudiantes salieran a formarse fuera de España —con un guiño a los Erasmus de hoy—; de la Residencia de Estudiantes, del Instituto-Escuela, de las Misiones Pedagógicas… Nombres que fueron adquiriendo su sentido: detrás había personas, trabajo y una voluntad de llevar la ciencia, la educación y la cultura mucho más lejos.
Esa dimensión de su obra explica por qué dar a conocer a Giner no puede quedarse en una simple cortesía de aniversario. Cualquier persona que valore la educación y la cultura tiene una responsabilidad con esa memoria. Para los rondeños y las rondeñas hay, además, una razón cercana: hablamos de «uno de los nuestros». Conocerlo y ayudar a que otros lo conozcan es una obligación cultural y cívica que podemos asumir con naturalidad y con cierto orgullo.
Entre los asistentes hubo personas vinculadas a distintos ámbitos de la vida cultural de Ronda y suficiente representación política que quiso acompañar el reconocimiento a un proyecto renovador y de progreso. La pluralidad ideológica del público resultó especialmente oportuna: una figura de la envergadura de Giner merece ser conocida y reconocida desde distintas posiciones, con la disposición al diálogo que su propia obra invita a practicar.
La sesión dejó también algo concreto al alcance de todos: la presentación interactiva está disponible para institutos, colegios, asociaciones vecinales y cualquier entidad o persona que quiera recibir una copia y contribuir a su difusión. El trabajo de preparación puede seguir dando fruto en otras aulas, en otras charlas, ante quienes no pudieron estar el lunes. Es una generosidad que conviene agradecer y aprovechar: el homenaje tendrá continuidad cada vez que alguien utilice ese material para enseñar quién fue Giner.
Hace falta. Su nombre se conoce, pero no siempre lo acompaña un conocimiento suficiente de lo que hizo y de lo que debemos a su magisterio. En Ronda, ese olvido nos toca de cerca. La respuesta del público de Entrelenguas permite, al menos, confiar en algo: hay interés, hay receptividad y hay motivos para seguir.
Soledad Lara recitó el poema que Antonio Machado escribió con motivo de la muerte de Giner y el chelista Erwin Graffe cerró la velada con piezas del cancionero popular vinculadas al legado de la Institución Libre de Enseñanza. Después, un sencillo refrigerio dio tiempo para continuar la conversación. La música y el encuentro entre los asistentes completaron una jornada que dejó una huella cálida, muy cálida: de esas que se agradecen porque uno sale sabiendo algo más y conmovido por lo que acaba de comprender.
Desde el barrio de San Francisco, Entrelenguas ha prestado un buen servicio a la memoria cultural de Ronda. Isabel Rubira y Mar Rodríguez merecen nuestro reconocimiento por haber reparado en la fecha, por el cuidado puesto en la convocatoria y por ofrecer a la ciudad el resultado de ese trabajo. Acordarse importa: hacer que otros se interesen por lo recordado importa todavía más.
Queda tiempo antes de que termine 2026 para que el Ayuntamiento de Ronda se sume a la conmemoración. Una conferencia, una exposición o una actividad que acerque la obra de Giner a sus paisanos sería muy bien recibida. También las asociaciones culturales y las fundaciones rondeñas pueden recoger el guante que, con tanta educación, ha lanzado Entrelenguas: la propuesta está hecha y merece encontrar respuesta.
Ronda Directo se felicita por poder contar a sus lectores una jornada como esta y por contribuir a que llegue a quienes no pudieron asistir. Entrelenguas ha hecho su parte: ha recordado a Giner en su tierra y ha conseguido que su obra vuelva a interesar y a emocionar. Ahora corresponde a las instituciones y a la sociedad rondeña dar continuidad a ese esfuerzo: don Francisco Giner de los Ríos merece que sus paisanos sepan por qué sigue teniendo tanto que decirnos este hombre sencillo, del que Machado, don Antonio, dijo:
Allí el maestro un día
soñaba un nuevo florecer de España.


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