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Llegan al Convento de Santo Domingo las 38 pinturas donadas por el artista Jesús González de la Torre, hijo Adoptivo de Ronda desde el año 2000.

Los cuadros, cuyo valor alcanza los 400.000 euros, se podrán contemplar próximamente en una exposición permanente que estará situada en la antigua capilla del Convento de Santo Domingo.

Cabe recordar que en 2015 el pintor ya donó a la Fundación Unicaja Ronda 86 de sus obras para su conservación y difusión como parte de la representativa producción pictórica de su densa y conocida trayectoria profesional.

Jesús González de la Torre nace en Madrid, de madre segoviana y padre rondeño. Cuenta con una dilatada trayectoria que le ha llevado a exponer sus obras en más de 41 muestras individuales y cien colectivas. Museos como el Reina Sofía de Madrid o el de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, entre otros muchos, cuentan con obras suyas en sus fondos permanentes. Es esencial su vinculación con la poesía, no sólo son numerosos los escritos existentes dedicados al pintor, entre los que destaca los de Azorín, Rafael Alberti, Jorge Guillén, María Zambrano o Julio Cortázar. Es colaborador literario de periódicos, revistas, y participa en numerosos encuentros poéticos nacionales, especialmente los relacionados con el poeta Rilke. La obra de Jesús González de la Torre tiene su punto de partida en los paisajes de Ronda y Segovia. Son obras plagadas de materia y no lejanas del expresionismo.

Su estancia en Nueva York a mediados de los 70 coincide con la inclinación de sus formas hacía la geometrización y comienzan a hacer acto de presencia las construcciones. Será el comienzo de la pintura metafísica que algunos escritores consideraban lógica en un pintor que procede de Segovia y Ronda. También será el momento en el que comiencen a tildarlo de pintor místico. José Bergamín escribió “Torero místico y pintor rondeño”. La búsqueda de la luz primigenia, coincidiendo con la amistad con María Zambrano lo acerca a ese lugar místico que es la Nada. Su exposición homenaje a San Juan de la Cruz en Segovia, en la que se edita un libro con prólogo de la filósofa malagueña y epílogo de Cortázar, sería decisiva en la consolidación del artista dentro del panorama artístico nacional.