martes, noviembre 29, 2022

La representación de Moros y Cristianos vuelve a Benalauría

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 Entre los días 4 y 7 de agosto el municipio de Benalauría ha celebrado su Feria en honor a Santo Domingo de Guzmán y sus tradicionales Fiestas de Moros y Cristianos con diferentes actividades. Además, como preámbulo a las jornadas festivas, el Ayuntamiento de Benalauría organizó ‘Pinceladas’, una iniciativa en el marco de la que se han llevado a cabo distintas propuestas de carácter musical, deportivo, tradicional e infantil.

     Quizá los momentos más esperados de las fiestas se vivieron en la jornada del domingo con la representación histórica de Moros y Cristianos, una obra de teatro en la calle interpretada magníficamente por los propios vecinos cuyo elaborado texto relata con rigor parte importante de la historia del pueblo y el Valle del Genal, introduciendo también algunos aspectos de ficción. Centenares de personas abarrotaron la plaza de Benalauría y sus alrededores para no perder un detalle de la espectacular recreación.

     Desde hace tres décadas la representación de Moros y Cristianos se plantea como una fiesta de la reconciliación histórica. Las interpretaciones que realizan decenas de vecinos se enmarcan en la rebelión mudéjar de 1501, cuando los musulmanes que permanecieron en el territorio tras la reconquista de Granada por parte de los Reyes Católicos se alzaron en armas al incumplirse por ambas partes las capitulaciones establecidas.

     La trama de la representación de Moros y Cristianos consiste, en primer lugar, en el llamado “cautiverio”. Aquí los moros llegan a Benalauría con la intención de reconquistar el pueblo y, tras la negativa del alcalde a entregarles la villa, éstos capturan a Santo Domingo de Guzmán, patrón del municipio. En la segunda parte de la obra, conocida como “el rescate”, se interpreta la llegada de las milicias cristianas desde otros puntos de Andalucía para vencer a los moros, que después de caer derrotados deben acatar nuevas capitulaciones, como la de tener la posibilidad de seguir trabajando sus tierras y conservar sus bienes, e incluso sus costumbres, siempre que se conviertan al cristianismo, los que se conocen como moriscos. Aquellos que no aceptan esta condición deben abandonar Benalauría y marcharse pacíficamente, como hace con lágrimas en los ojos el líder musulmán.

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